El siguiente texto, es parte de un trabajo académico, del seminario: Movimientos Sociales, durante el cursado del “Postgrado de la Maestría en Políticas Sociales”, dependiente de la Secretaría de Investigación y Postgrado de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones, (UNaM).
Cabe aclarar que el artículo fue elaborado en un contexto distinto, al que viven los países aquí mencionados, de todos modos, el análisis se enriquece porque hay realidades que no cambian sustancialmente.
Todos los trabajos son evaluados y aprobados por los docentes titulares del seminario, en éste caso del Licenciado Sergio Bertini.
Nuestro
abordaje, pretende describir dos temas
centrales de nuestra región del MERCOSUR, desde algunos aspectos vinculados a
la cercanía de nuestros países y, puntualmente la provincia de Misiones,
inserta como ninguna otra, en el centro. Para ello, diferenciamos el abordaje por
separado, por cuanto son temáticas
diferentes aunque, con connotaciones enmarcadas en los Movimientos Sociales.
No
obstante, estos tópicos fueron elegidos porque somos partes ineludibles, de la
zona fronteriza que vivimos en la provincia de Misiones, donde el tema del “MERCOSUR
y la temática de Tierras”, tienen sus peculiaridades además, de la rica mirada
que realizan los autores seleccionados al respecto.
En
ese sentido, no buscamos interponernos a las descripciones de los autores pero, sí
sincerarnos de que el MERCOSUR y el “Movimiento
de los Trabajadores Rurales Sin Tierra”, nos interpelan de cerca, por la convivencia
cotidiana y, con realidades comunes, en los pasos fronterizos con Paraguay y
Brasil. Potenciado muchas veces, por los Medios Masivos de Comunicación que,
apropiándose de estos temas, buscan plasmar realidades que, pueden tener otras
connotaciones de fondo.
Tanto
en estos países, como en Misiones, el problema de la tierra es notorio aunque, con
modos distintos en su abordaje y, no es nuestro objetivo puntualizar ahora, ya
que necesitaríamos otro tipo de tratamiento.
Es
así que en la primera parte, desarrollaremos el tema “Diálogos, encuentros y
desencuentros: los movimientos sociales en el MERCOSUR”, Elizabeth Jelin, IDES, Instituto de Desarrollo Económico y Social,
Nº 10, Buenos Aires, noviembre de 2000. Luego en la segunda parte, Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin
Tierra del Brasil. Una experiencia alternativa de educación pública, (Brasil 2007). Florencia Stubrin,
Serie de ensayos e investigaciones, N° 28, Buenos Aires, 2008
Desarrollo
Primera parte
“Diálogos,
encuentros y desencuentros: los movimientos sociales en el MERCOSUR” Elizabeth Jelin, IDES,
Instituto de Desarrollo Económico y Social, Nº 10, Buenos Aires, noviembre de
2000.
La
autora, luego de contextualizar el tema de la globalización y sus implicancias
económicas, sociales y políticas, también refiere a los movimientos
sociales que, desde los albores se desarrolló en un plano internacional,
“proletarios del mundo uníos”, que proclamó hace unos ciento cincuenta años,
una visión global del desarrollo de la clase obrera.
Más
adelante, Jelin E. (2000) empieza con fenómenos anteriores al MERCOSUR que, deben entenderse como proyectos y
procesos de integración regional. Donde los proyectos centralmente, son
económicos, discusiones formales y con agenda macroeconómicas y acuerdos
sectoriales.
Es
aquí donde se desarrollará el eje de análisis de las transformaciones sociales
y culturales, donde se habla de la integración regional. Sobre todo, pone énfasis
en esos procesos para la dinámica de los movimientos sociales.
Cito:”
Uno de los grandes riesgos al hablar de
interacción e integración, es comprenderlas como una integración entre naciones
homogéneas, que irá en camino de una homogeneización global. Los procesos de
reformulación de identidades, las relaciones socio-culturales y los modos de
comunicación producidos o, vinculados al MERCOSUR adquieren formas específicas en las diversas localizaciones,
según sus características históricas, geográficas, económicas y culturales.
Existen áreas geográficas claramente diferenciadas. El MERCOSUR tiene significados diferentes en el Noreste
brasileño o en la Patagonia Argentina que, en las áreas fronterizas de la
cuenca del Paraná o en Uruguay. En el proceso de cambio, se generan nuevas periferias y desigualdades, en un
dinámica que recrea la heterogeneidad multicultural basada en el contacto
histórico en el diálogo contemporáneo.”
De
alguna manera Jelin E. (2000), enmarca su preocupación en el camino que aún le falta recorrer al MERCOSUR, ya que
está en su etapa inicial, en cuanto a
acuerdos gubernamentales aunque esos vínculos no son nuevos y tiene su respaldo
histórico, fundado en luchas durante el
periodo colonial y primera mitad del siglo XIX, donde hubieron conflictos sin
resolver o, litigios que han dejado huellas. De allí que, la autora refiera
también que, en términos sociales y culturales, las fronteras han sido siempre
muy porosas.
En
cuanto a fronteras, podremos afirmar que esto es notorio, por las corrientes
migratorias que se observa. Razones laborales, familiares, beneficios por
cambio de monedas, producciones culturales y mediáticas abonan esta postura. “La música no tiene frontera”, se dice y
esto confirma la regla de la frontera porosa, que mantienen vínculos fraternos
en la región. Así también, los vínculos militares, sobre todo durante los años
70.
La
autora va a puntualizar su tema, en el margen de maniobras que pueden tener los
movimientos sociales, en un contexto donde, no tienen el protagonismo
institucional que demandan las agendas oficiales. “Nuevos marcos
interpretativos”, señala Jelin, E. sobre todo se abren nuevas
oportunidades políticas y se crea un campo, donde se pueden
desarrollar nuevos marcos interpretativos para la acción.
“(…)
los elementos que intervienen en estos
marcos son de naturaleza diversa. Pueden ser más permanentes o estables, o más
volátiles y coyunturales; pueden estar más ligados a estructuras e
instituciones o a tradiciones culturales”. Gamson y Meyer (como se cita en
Jelin, E. 2000)
Justamente,
la autora señala que “es un proceso en
curso, por el cual distintos actores y agentes tendrán que ir redefiniendo sus
identidades y sus escenarios, en un sentido espacial/territorial. Los movimientos
sociales, los actores, los sentidos de la acción, la participación y el
compromiso, inclusive la identidad, no son fenómenos estáticos, que se fijan y
cristalizan de una vez y para siempre, más bien, son procesos que se refuerzan
y se quiebran, que se desarrollan en direcciones posible.”
Al
hablar de fronteras, es necesario referirse a espacios. En ello, Jelin, E. (2000)
destaca el encuadre que estructuran los movimientos sociales, en cuanto a su
acción e identidad. Son vistas, dice la autora, como restringidos y “los otros
vecinos”, son vistos como amenazas o enemigos. Por ello, aboga para que los
procesos de diálogo regional, puedan llegar a una ampliación y transformación
del marco, donde esos mismos vecinos comienzan a ser vistos como socios, amigos
o interlocutores legítimos. Una etapa ausente, destaca Jelin.
En
otro apartado la autora indica que, a diferencia de la Unión Europea, donde se
reafirma la importancia del Estado-Nación, pero se fortalece lo regional, ya
que “el propio proceso de integración
obliga a los estados miembros a tomar posición en todos y cada uno de los temas
presentados, en la mesa de negociación”. En Jelin, E. (Bull, 1993)
El
MERCOSUR, sin embargo “se define como
proceso de integración de países o naciones”. Destaca la autora. Eso
explicaría las posturas de sus miembros que, se definan en términos de
nacionalidad y eso sobresalga, sea visible, a la vez preocupante. De allí, una
necesidad de producir un nuevo “nosotros
colectivo y de alcance regional”.
El
repaso histórico de los movimientos sociales, lleva a que la autora reconozca
que las demandas sociales allí representadas, han ido cambiando de perfil. La
cultura de la cotidianidad comenzó a ser el foco de atención. En ese sentido,
Jelin. E. (2000), destaca que los actores organizan sus estrategias desde lo
más local hasta lo global o mundial, con” multiplicidad
de sentidos implicados en la interpretación, articulación y superposición de
niveles”.
Finalmente,
Jelin (2000), señala que “el proceso de
globalización, tanto en lo que hace al contenido de demandas como a la rapidez
del flujo de comunicaciones, está produciendo transformaciones importantes en
la conformación de los movimientos sociales”. Destaca que la ONG e
intergubernamentales, tienen un rol importante, transformaron el escenario y la
participación colectiva directa es sólo uno de los componentes de la gestación
de movimientos sociales y de nuevos
actores colectivos.
También
el establecimiento de agendas mediáticas, es difícil de acordar, dice la autora
sobre todo lo regional. Muchas veces, se cristalizan realidades o
estigmatizaciones que para nada contribuyen a la construcción colectiva del
nosotros.
En
este sentido, lo afirmo desde mi rol de comunicador social, justamente, aunque
debo decir que las relaciones profesionales son positivas, no así el
tratamiento de temas ya que muchos de ellos, obedecen a posturas de los
empresarios de medios.
Coincido con la autora respecto de las
producciones ficcionales de la televisión, algo muy común en nuestra región.
Con altas penetraciones sobre todo, al Este y Oeste, en toda la provincia donde,
de un lado recibimos la señal de la televisión paraguaya y de la otra, la brasileña.
Sobre todo las telenovelas que, en muchos casos son venezolanas, mexicanas,
colombianas y brasileñas. En muy poco porcentaje, la gente mira los
informativos de esos países. La incidencia de los canales fronterizos, se evidencia en las modalidades verbales de
los lugareños: “portuñol” y guaraní, con notoriedad en las tonalidades.
Como
desafíos y dilemas, la autora reconoce que los
pueblos y las culturas definen y construyen esos nosotros y esos otros, como
parte de sus procesos históricos. Al mismo tiempo que se crean nuevas
formas de tolerancias.
Todos
ellos, son cuestiones que siguen y seguirán siendo el núcleo del debate y de
luchas sociales concretas por la expansión de la ciudadanía dentro de los
estados- naciones. Plantean la relación entre ciudadanía y
nacionalidad/nacionalismo.
Eso
implicaría, dice Jelin, E. (2000), “el
desarrollo de nuevas voces, actores y movimientos sociales. Cree que ellos,
tienen la oportunidad de reforzar o de ampliar ese doble rol, como
intermediarios políticos no partidarios que traen las necesidades y demandas de
las voces no articuladas a la esfera pública y las vinculan con los aparatos
institucionales”. Como también, “un
rol instrumental como desafío a los arreglos institucionales existentes”.
Segunda parte
Movimiento de los
Trabajadores Rurales Sin Tierra del Brasil. Una experiencia alternativa de
educación pública, (Brasil 2007). Florencia
Stubrin, Serie de ensayos e investigaciones, N° 28, Buenos Aires, 2008
El
tema elegido, es en relación a un movimiento social en su recorrido histórico y
de modo descriptivo. Para lo cual, esta bibliografía nos ubica contextualmente,
en una problemática parecida que se vive-(vió) en la provincia de Misiones, con otra modalidad, aunque en nuestra zona, el
problema de fondo es la falta de viviendas y modo de supervivencia, en el sector rural de
Misiones.
Es
una acotación que dejo sentado, ya que al leer el material, pude constatar las
diferencias sustanciales que llevan a un movimiento organizado y no partidario
en Brasil, a diferencia del nuestro, donde muchas veces se embanderas sectores
que sólo buscan réditos electorales, en detrimento de la gente que sí tiene necesidades, y que los lleva a cortar rutas para visibilizar
su realidad.
El
trabajo de Florencia Stubrin, se
enmarca en un estudio de caso y, es parte de una investigación que se focaliza
en el tema educativo.
Empiezo
por el surgimiento del movimiento, fundado en 1984 por un grupo de familias
campesinas, movilizadas por la ocupación de tierras, en la región centro-sur de Brasil. Desde entonces
el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) se constituyó en uno
de las principales organizaciones rurales de América Latina.
El
antecedente oficial dice que, “el 7 de
septiembre de 1979, ciento diez familias de agricultores sin tierra ocuparon
una parcela originalmente pública localizada en el municipio de Ronda Alta (Río
Grande do Sul), que había sido apropiada por una empresa maderera durante el
régimen militar. Luego de algunas semanas de intenso conflicto, el gobierno
estadual entregó las tierras a los agricultores. La victoriosa ocupación de
Macali obtuvo una importante repercusión, representando el reinicio de las
luchas por la tierra y contribuyendo par la posterior conformación del MST.
Paralelamente, otras ocupaciones iban teniendo lugar en diversos territorios
del país y las luchas de los Sin Tierra adquirían cada vez más relevancia y
organicidad. El MST nació de las ocupaciones de tierra y ellas constituyen su
marca identificatoria”.
En
enero de 1984, tuvo lugar el primer Encuentro Nacional que, con la
participación de 13 estados, fundó formalmente el Movimiento de los
Trabajadores Rurales Sin Tierra, estableciéndose los principales lineamientos y
objetivos de su plataforma de lucha. Se menciona a sindicatos y a la iglesia,
sobre todo ligados a la teología de la liberación, que reivindicaban la lucha
por la Reforma Agraria.
Justamente,
en eso basan una estrategia de acción y principal elemento aglutinador desde el
punto de vista de la organización del movimiento. Es una acción colectiva que
impone una reacción de la sociedad,
evidenciando la ocupación de tierras
públicas ilegalmente apropiadas, por sectores privados. “En 1999, una disposición del Tribunal Superior de Justicia determinó
que las ocupaciones de carácter masivo, que persiguen el objetivo de presionar
por la Reforma Agraria, no implican usurpación posesiva y, por tanto, no alegan
crimen”. Aún así, hay situaciones por mejorar, en cuanto a la aplicabilidad de leyes y
disposiciones.
Según
informa el texto, “durante la década del
90, más de 160.000 familias participaron de ocupaciones de tierras. Sólo en
1998, el MST realizó 300 ocupaciones que involucraron a un total de 60.000
familias Sin Tierra. Entre 1998 y 2004 se registraron un total de 4.402
ocupaciones que involucraron a más de 670.000 familias, siendo que la mayor
parte de éstas (39 %) tuvo lugar en la región del Nordeste”.
Quiere
decir que, fueron expandiéndose hasta ocupar 23 parcelas de las 27 de los
estados federales del país.
La
educación es parte de sus ejes de lucha, de allí es un tema central que
desarrolla la autora y rápidamente iremos marcando esos aspectos. Aunque el
contexto nacional y sus reformas de 1990, tuvo fuertes impactos en el sistema
educativo, aún más en las escuelas rurales.
Hubo
una reforma educativa que marcó una creciente precarización de las condiciones
efectivas de escolarización de niños, jóvenes y adultos. Estas condiciones han
contribuido a generar y reproducir una segmentación y desigualdad al interior del sistema
educativo, donde “escuelas pobres” atienden a los “pobres” y las “escuelas
ricas” quedan reservadas a los “ricos”. Desregulación de los servicios y la
descentralización de recursos, basadas en la economía privada. Con lo cual, hay
condiciones dispares en las diversas regiones del país y en muchos casos, en el
campo brasilero, no tienen acceso a la escuela. Por eso, el movimiento lucha
por su inclusión y a la vez, consigue conquistas de derechos que contribuyan al
funcionamiento del movimiento.
La
autora destaca que gracias a ese accionar del MST, hacia fines de los 80 y principios de los 90,
comenzaron a incorporar “el derecho a la
educación entre sus principales reivindicaciones. La educación escolar aparece
entonces como un derecho que permite el acceso a otro conjunto de derechos
tales como el derecho al mundo del trabajo”.
En
ese contexto, la realidad educativa sigue siendo un desafío, sobre todo para el
sector rural, Stubrin, señala que el
compromiso asumido por las organizaciones civiles continúa en la tarea de
combatir la exclusión. ” (…) hoy, el
principal desafío de las organizaciones y grupos que actúan en el escenario
político educativo, en pos de la defensa del derecho a la educación del campo, parece radicar en la necesidad de
una apropiación significativa de los espacios e instancias existentes y una
búsqueda de interlocutores estratégicos que permitan la concreción de sus
demandas y la viabilización de sus propuestas”.
El
movimiento tiene sus propios principios para encarar la educación. A lo largo
de los años, se evidencia que las prácticas educativas tienen un sentido en los
procesos de conformación histórica del movimiento, propiciando un desarrollo
con dimensión sociocultural, con la centralidad en el sujeto Sin Tierra. Un
sujeto que vive en los campamentos, conoce su realidad y donde la organización
busca la mayor participación de sus miembros, familias en sus dinámicas y
procesos de luchas.
La
autora señala que, ese proceso histórico lo llevó al movimiento, a recorrer
caminos hacia la construcción de escuelas. Un emprendimiento que buscaba
respuestas adecuadas al tipo de vida desarrollado en las tierras conquistadas.
Inspirados en concepciones de Paulo Freire y los movimientos de educación
popular, buscaban nuevas experiencias y una pedagogía diferente.
En
ocasión del primer encuentro Nacional de profesores de asentamientos, en 1987,
el movimiento creó un sector específico para promover la lucha por la defensa
del derecho a la educación de los Sin Tierra.
En
1988, profesores y padres se organizaron
para dar continuidad y potenciar,
de forma articulada, las discusiones originadas en los procesos de creación de
escuelas, dando origen al Sector de Educación del MST.
Luego
vendría la otra cuestión sobre la formación y origen de los docentes que debían
atender estas realidades rurales. Para
ello, se pensaba en escuelas orgánicas y que los docentes procedan o se formen
en sus propios asentamientos.
Lo
cual es materia de discusiones y acuerdos permanentes con el gobierno. Según
Stubrin, “el problema de la asignación de
profesores ha generado, en numerosos oportunidades, una serie de movimientos adversos al interior de las
escuelas, cuando profesores externos, asignados por el gobierno municipal,
pasaban a ejercer sus funciones”. En muchos casos no se identificaban con
la causa del movimiento y ello provocaba levantamientos y manifestaciones, por
parte de los alumnos y padres.
El problema de contar con docentes de los
campamentos es que, suelen tener titulación deficiente que dificulta el acceso
a cargos, y además, los escasos
contratos son por tiempos determinados, condiciones muy precarias.
Más
allá de las cifras de escuelas y asentamientos, el movimiento, según detalla la
autora del texto, “representan instancias
decisivas en la configuración de la experiencia educativa del MST, que
evidencian el sentido pedagógico de lo cotidiano. La construcción de la memoria
colectiva al compartir un conjunto de vivencias comunes. Este proceso es
viabilizado, en gran medida, por medio de la educación”.
En
noviembre de 1996, el Consejo Estadual de Río Grande Do Sul hizo pública la
aprobación legal de la escuela itinerante, como experiencia piloto en los
campamentos del MST, durante dos años.
Denominada
“experiencia pedagógica- escuela itinerante, tuvo su base en la Escuela
estadual nueva sociedad, del asentamiento Itapuí, en el municipio de Nueva
Santa Rita. Esto fue un hito en las conquistas del movimiento, embanderados en
esa lucha por los derechos a la educación de niños, jóvenes y adultos.
Finalmente,
la autora refiere al rol protagónico que tuvo el movimiento en los las
elecciones presidenciales de 2002, sobre todo el vínculo con el PT (Partido de
los Trabajadores) que, en ese entonces postulaba a Luís Inacio Lula Da Silva.
Fueron
acuerdos y alianzas que abrían perspectivas interesantes, sobre todo en las
banderas que el movimiento venía enarbolando, sin embargo, luego se vieron frustradas, según la autora.
En
la actualidad, “el movimiento mantiene una relación de autonomía sustantiva en
un posicionamiento crítico y no de una mera oposición sistemática”. Eso en la
perspectiva de mantener protestas y movilizaciones como modo de presionar por
sus reclamos. Apoyando en algunas y confrontando en otras medidas de gobierno.
En
consideraciones finales, Stubrin indica “la oficialización de la práctica
educativa se da en un contexto de ilegalidad y conflicto social explícito,
apareciendo como vía de acceso al Estado
y, por tanto, como una ampliación del poder de negociación de estos actores”.
La escuela sigue siendo el nexo o espacio
de articulación para la discusión de políticas públicas que los incluya.
Por
otra parte, la autora alerta en su trabajo “que uno de los desafíos que enfrentan hoy el MST en defensa del derecho a
la educación y la escuela pública es avanzar hacia el fortalecimiento y
consolidación de sus estrategias de lucha e intervención política, construyendo
alianzas y frentes comunes de acción colectiva.
Del mismo modo, la
búsqueda de una interlocución estratégica con los ámbitos gubernamentales y una
real apropiación de los espacios de participación existentes en la esfera
estatal, resultan condiciones esenciales para el fortalecimiento y
consolidación de los procesos de participación e incidencia de la sociedad
civil en las políticas de educación”.
Bibliografía
-“Diálogos, encuentros y desencuentros: los movimientos sociales en el MERCOSUR” Elizabeth Jelin. IDES, Instituto de Desarrollo Económico y Social, Nº 10, Buenos Aires, noviembre de 2000.
-Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra del Brasil. Una experiencia alternativa de educación pública. (Brasil 2007). Florencia Stubrin, Serie de ensayos e investigaciones, N° 28, Buenos Aires, 2008.
*Maestrando. Lic.Com.Soc. Sergio Javier Benítez
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