UA-177630671-1 Sergio Javier Benítez: Movimientos Sociales en el MERCOSUR *

viernes, 25 de septiembre de 2020

Movimientos Sociales en el MERCOSUR *

El siguiente texto, es parte de un trabajo académico, del seminario: Movimientos Sociales, durante el cursado del “Postgrado  de la Maestría en Políticas Sociales”, dependiente de la Secretaría de Investigación y Postgrado de la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Misiones, (UNaM).

Cabe aclarar que el artículo fue elaborado en un contexto distinto, al que viven los países aquí mencionados, de todos modos, el análisis se enriquece porque hay realidades que no cambian sustancialmente.
Todos los trabajos son evaluados y aprobados por los docentes titulares del seminario, en éste caso del Licenciado Sergio Bertini.

 Introducción.

Nuestro abordaje,  pretende describir dos temas centrales de nuestra región del MERCOSUR, desde algunos aspectos vinculados a la cercanía de nuestros países y, puntualmente la provincia de Misiones, inserta como ninguna otra, en el centro. Para ello, diferenciamos el abordaje por  separado, por cuanto son temáticas diferentes aunque, con connotaciones enmarcadas en los Movimientos Sociales.

No obstante, estos tópicos fueron elegidos porque somos partes ineludibles, de la zona fronteriza que vivimos en la provincia de Misiones, donde el tema del “MERCOSUR y la temática de Tierras”, tienen sus peculiaridades además, de la rica mirada que realizan los autores seleccionados al respecto.

En ese sentido, no buscamos interponernos a  las descripciones de los autores pero, sí sincerarnos de  que el MERCOSUR y el “Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra”,  nos interpelan de cerca, por la convivencia cotidiana y, con realidades comunes, en los pasos fronterizos con Paraguay y Brasil. Potenciado muchas veces, por los Medios Masivos de Comunicación que, apropiándose de estos temas, buscan plasmar realidades que, pueden tener otras connotaciones de fondo.

Tanto en estos países, como en Misiones, el problema de la tierra es notorio aunque, con modos distintos en su abordaje y, no es nuestro objetivo puntualizar ahora, ya que necesitaríamos otro tipo de tratamiento.

Es así que en la primera parte, desarrollaremos el tema “Diálogos, encuentros y desencuentros: los movimientos sociales en el MERCOSUR”, Elizabeth Jelin, IDES, Instituto de Desarrollo Económico y Social, Nº 10, Buenos Aires, noviembre de 2000. Luego en la segunda parte,  Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra del Brasil. Una experiencia alternativa de educación pública, (Brasil 2007). Florencia Stubrin, Serie de ensayos e investigaciones, N° 28, Buenos Aires, 2008


Desarrollo

Primera parte

“Diálogos, encuentros y desencuentros: los movimientos sociales en el MERCOSUR” Elizabeth Jelin, IDES, Instituto de Desarrollo Económico y Social, Nº 10, Buenos Aires, noviembre de 2000.

La autora, luego de contextualizar el tema de la globalización y sus implicancias económicas, sociales y políticas, también refiere a los movimientos sociales  que, desde los albores  se desarrolló en un plano internacional, “proletarios del mundo uníos”, que proclamó hace unos ciento cincuenta años, una visión global del desarrollo de la clase obrera.

Más adelante, Jelin E. (2000) empieza con fenómenos anteriores al MERCOSUR   que, deben entenderse como proyectos y procesos de integración regional. Donde los proyectos centralmente, son económicos, discusiones formales y con agenda macroeconómicas y acuerdos sectoriales.

Es aquí donde se desarrollará el eje de análisis de las transformaciones sociales y culturales, donde se habla de la integración regional. Sobre todo,  pone énfasis  en esos procesos para la dinámica de los movimientos sociales.

Cito:” Uno de los grandes riesgos al hablar de interacción e integración, es comprenderlas como una integración entre naciones homogéneas, que irá en camino de una homogeneización global. Los procesos de reformulación de identidades, las relaciones socio-culturales y los modos de comunicación producidos o, vinculados al MERCOSUR adquieren formas  específicas en las diversas localizaciones, según sus características históricas, geográficas, económicas y culturales. Existen áreas geográficas claramente diferenciadas. El MERCOSUR tiene  significados diferentes en el Noreste brasileño o en la Patagonia Argentina que, en las áreas fronterizas de la cuenca del Paraná o en Uruguay. En el proceso de cambio, se generan  nuevas periferias y desigualdades, en un dinámica que recrea la heterogeneidad multicultural basada en el contacto histórico en el diálogo contemporáneo.

De alguna manera Jelin E. (2000), enmarca su preocupación en el camino  que aún le falta recorrer al MERCOSUR, ya que está en su etapa inicial,  en cuanto a acuerdos gubernamentales aunque esos vínculos no son nuevos y tiene su respaldo histórico, fundado en luchas  durante el periodo colonial y primera mitad del siglo XIX, donde hubieron conflictos sin resolver o, litigios que han dejado huellas. De allí que, la autora refiera también que, en términos sociales y culturales, las fronteras han sido siempre muy porosas.

En cuanto a fronteras, podremos afirmar que esto es notorio, por las corrientes migratorias que se observa. Razones laborales, familiares, beneficios por cambio de monedas, producciones culturales y mediáticas abonan esta postura. “La música no tiene frontera”, se dice y esto confirma la regla de la frontera porosa, que mantienen vínculos fraternos en la región. Así también, los vínculos militares, sobre todo durante los años 70.

La autora va a puntualizar su tema, en el margen de maniobras que pueden tener los movimientos sociales, en un contexto donde, no tienen el protagonismo institucional que demandan las agendas oficiales. “Nuevos marcos interpretativos”, señala Jelin, E. sobre todo se abren nuevas oportunidades  políticas  y se crea un campo, donde se pueden desarrollar nuevos marcos interpretativos para la acción.

“(…) los elementos que intervienen en estos marcos son de naturaleza diversa. Pueden ser más permanentes o estables, o más volátiles y coyunturales; pueden estar más ligados a estructuras e instituciones o a tradiciones culturales”. Gamson y Meyer (como se cita en Jelin, E. 2000)

Justamente, la autora señala que “es un proceso en curso, por el cual distintos actores y agentes tendrán que ir redefiniendo sus identidades y sus escenarios, en un sentido espacial/territorial. Los movimientos sociales, los actores, los sentidos de la acción, la participación y el compromiso, inclusive la identidad, no son fenómenos estáticos, que se fijan y cristalizan de una vez y para siempre, más bien, son procesos que se refuerzan y se quiebran, que se desarrollan en direcciones posible.”

Al hablar de fronteras, es necesario referirse a espacios. En ello, Jelin, E. (2000) destaca el encuadre que estructuran los movimientos sociales, en cuanto a su acción e identidad. Son vistas, dice la autora, como restringidos y “los otros vecinos”, son vistos como amenazas o enemigos. Por ello, aboga para que los procesos de diálogo regional, puedan llegar a una ampliación y transformación del marco, donde esos mismos vecinos comienzan a ser vistos como socios, amigos o interlocutores legítimos. Una etapa ausente, destaca Jelin.

En otro apartado la autora indica que, a diferencia de la Unión Europea, donde se reafirma la importancia del Estado-Nación, pero se fortalece lo regional, ya que “el propio proceso de integración obliga a los estados miembros a tomar posición en todos y cada uno de los temas presentados, en la mesa de negociación”. En Jelin, E. (Bull, 1993)

El MERCOSUR, sin embargo “se define como proceso de integración de países o naciones”. Destaca la autora. Eso explicaría las posturas de sus miembros que, se definan en términos de nacionalidad y eso sobresalga, sea visible, a la vez preocupante. De allí, una necesidad de producir un nuevo “nosotros colectivo y de alcance regional”.

El repaso histórico de los movimientos sociales, lleva a que la autora reconozca que las demandas sociales allí representadas, han ido cambiando de perfil. La cultura de la cotidianidad comenzó a ser el foco de atención. En ese sentido, Jelin. E. (2000), destaca que los actores organizan sus estrategias desde lo más local hasta lo global o mundial, con” multiplicidad de sentidos implicados en la interpretación, articulación y superposición de niveles”.

Finalmente, Jelin (2000), señala que “el proceso de globalización, tanto en lo que hace al contenido de demandas como a la rapidez del flujo de comunicaciones, está produciendo transformaciones importantes en la conformación de los movimientos sociales”. Destaca que la ONG e intergubernamentales, tienen un rol importante, transformaron el escenario y la participación colectiva directa es sólo uno de los componentes de la gestación de  movimientos sociales y de nuevos actores colectivos.

También el establecimiento de agendas mediáticas, es difícil de acordar, dice la autora sobre todo lo regional. Muchas veces, se cristalizan realidades o estigmatizaciones que para nada contribuyen a la construcción colectiva del nosotros.

En este sentido, lo afirmo desde mi rol de comunicador social, justamente, aunque debo decir que las relaciones profesionales son positivas, no así el tratamiento de temas ya que muchos de ellos, obedecen a posturas de los empresarios de medios.

 Coincido con la autora respecto de las producciones ficcionales de la televisión, algo muy común en nuestra región. Con altas penetraciones sobre todo, al Este y Oeste, en toda la provincia donde, de un lado recibimos la señal de la televisión paraguaya y de la otra, la brasileña. Sobre todo las telenovelas que, en muchos casos son venezolanas, mexicanas, colombianas y brasileñas. En muy poco porcentaje, la gente mira los informativos de esos países. La incidencia de los canales fronterizos,  se evidencia en las modalidades verbales de los lugareños: “portuñol” y guaraní, con notoriedad en las tonalidades.

Como desafíos y dilemas, la autora reconoce que los pueblos y las culturas definen y construyen esos nosotros y esos otros, como parte de sus procesos históricos. Al mismo tiempo que se crean nuevas formas de tolerancias.

Todos ellos, son cuestiones que siguen y seguirán siendo el núcleo del debate y de luchas sociales concretas por la expansión de la ciudadanía dentro de los estados- naciones. Plantean la relación entre ciudadanía y nacionalidad/nacionalismo.

Eso implicaría, dice Jelin, E. (2000), “el desarrollo de nuevas voces, actores y movimientos sociales. Cree que ellos, tienen la oportunidad de reforzar o de ampliar ese doble rol, como intermediarios políticos no partidarios que traen las necesidades y demandas de las voces no articuladas a la esfera pública y las vinculan con los aparatos institucionales”. Como también, “un rol instrumental como desafío a los arreglos institucionales existentes”.

Segunda parte

Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra del Brasil. Una experiencia alternativa de educación pública, (Brasil 2007). Florencia Stubrin, Serie de ensayos e investigaciones, N° 28, Buenos Aires, 2008

El tema elegido, es en relación a un movimiento social en su recorrido histórico y de modo descriptivo. Para lo cual, esta bibliografía nos ubica contextualmente, en una problemática parecida que se vive-(vió) en la provincia de Misiones,  con otra modalidad, aunque en nuestra zona, el problema de fondo es la falta de viviendas y  modo de supervivencia, en el sector rural de Misiones.

Es una acotación que dejo sentado, ya que al leer el material, pude constatar las diferencias sustanciales que llevan a un movimiento organizado y no partidario en Brasil, a diferencia del nuestro, donde muchas veces se embanderas sectores que sólo buscan réditos electorales, en detrimento de la gente  que sí tiene necesidades, y  que los lleva a cortar rutas para visibilizar su realidad.

El trabajo de Florencia Stubrin, se enmarca en un estudio de caso y, es parte de una investigación que se focaliza en el tema educativo.

Empiezo por el surgimiento del movimiento, fundado en 1984 por un grupo de familias campesinas, movilizadas por la ocupación de tierras, en la  región centro-sur de Brasil. Desde entonces el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) se constituyó en uno de las principales organizaciones rurales de América Latina.

El antecedente oficial dice que, “el 7 de septiembre de 1979, ciento diez familias de agricultores sin tierra ocuparon una parcela originalmente pública localizada en el municipio de Ronda Alta (Río Grande do Sul), que había sido apropiada por una empresa maderera durante el régimen militar. Luego de algunas semanas de intenso conflicto, el gobierno estadual entregó las tierras a los agricultores. La victoriosa ocupación de Macali obtuvo una importante repercusión, representando el reinicio de las luchas por la tierra y contribuyendo par la posterior conformación del MST. Paralelamente, otras ocupaciones iban teniendo lugar en diversos territorios del país y las luchas de los Sin Tierra adquirían cada vez más relevancia y organicidad. El MST nació de las ocupaciones de tierra y ellas constituyen su marca identificatoria”.

En enero de 1984, tuvo lugar el primer Encuentro Nacional que, con la participación de 13 estados, fundó formalmente el Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra, estableciéndose los principales lineamientos y objetivos de su plataforma de lucha. Se menciona a sindicatos y a la iglesia, sobre todo ligados a la teología de la liberación, que reivindicaban la lucha por la Reforma Agraria.

Justamente, en eso basan una estrategia de acción y principal elemento aglutinador desde el punto de vista de la organización del movimiento. Es una acción colectiva que impone una reacción de  la sociedad, evidenciando la ocupación  de tierras públicas ilegalmente apropiadas, por sectores privados. “En 1999, una disposición del Tribunal Superior de Justicia determinó que las ocupaciones de carácter masivo, que persiguen el objetivo de presionar por la Reforma Agraria, no implican usurpación posesiva y, por tanto, no alegan crimen”. Aún así, hay situaciones por mejorar,  en cuanto a la aplicabilidad de leyes y disposiciones.

Según informa el texto, “durante la década del 90, más de 160.000 familias participaron de ocupaciones de tierras. Sólo en 1998, el MST realizó 300 ocupaciones que involucraron a un total de 60.000 familias Sin Tierra. Entre 1998 y 2004 se registraron un total de 4.402 ocupaciones que involucraron a más de 670.000 familias, siendo que la mayor parte de éstas (39 %) tuvo lugar en la región del Nordeste”.

Quiere decir que, fueron expandiéndose hasta ocupar 23 parcelas de las 27 de los estados federales del país.

La educación es parte de sus ejes de lucha, de allí es un tema central que desarrolla la autora y rápidamente iremos marcando esos aspectos. Aunque el contexto nacional y sus reformas de 1990, tuvo fuertes impactos en el sistema educativo, aún más en las escuelas rurales.

Hubo una reforma educativa que marcó una creciente precarización de las condiciones efectivas de escolarización de niños, jóvenes y adultos. Estas condiciones han contribuido a generar y reproducir una segmentación  y desigualdad al interior del sistema educativo, donde “escuelas pobres” atienden a los “pobres” y las “escuelas ricas” quedan reservadas a los “ricos”. Desregulación de los servicios y la descentralización de recursos, basadas en la economía privada. Con lo cual, hay condiciones dispares en las diversas regiones del país y en muchos casos, en el campo brasilero, no tienen acceso a la escuela. Por eso, el movimiento lucha por su inclusión y a la vez, consigue conquistas de derechos que contribuyan al funcionamiento del movimiento.

La autora destaca que gracias a ese accionar del MST,  hacia fines de los 80 y principios de los 90, comenzaron a incorporar “el derecho a la educación entre sus principales reivindicaciones. La educación escolar aparece entonces como un derecho que permite el acceso a otro conjunto de derechos tales como el derecho al mundo del trabajo”.

En ese contexto, la realidad educativa sigue siendo un desafío, sobre todo para el sector rural, Stubrin, señala que  el compromiso asumido por las organizaciones civiles continúa en la tarea de combatir la exclusión. ” (…) hoy, el principal desafío de las organizaciones y grupos que actúan en el escenario político educativo, en pos de la defensa del derecho a la educación  del campo, parece radicar en la necesidad de una apropiación significativa de los espacios e instancias existentes y una búsqueda de interlocutores estratégicos que permitan la concreción de sus demandas y la viabilización de sus propuestas”.

El movimiento tiene sus propios principios para encarar la educación. A lo largo de los años, se evidencia que las prácticas educativas tienen un sentido en los procesos de conformación histórica del movimiento, propiciando un desarrollo con dimensión sociocultural, con la centralidad en el sujeto Sin Tierra. Un sujeto que vive en los campamentos, conoce su realidad y donde la organización busca la mayor participación de sus miembros, familias en sus dinámicas y procesos de luchas.

La autora señala que, ese proceso histórico lo llevó al movimiento, a recorrer caminos hacia la construcción de escuelas. Un emprendimiento que buscaba respuestas adecuadas al tipo de vida desarrollado en las tierras conquistadas. Inspirados en concepciones de Paulo Freire y los movimientos de educación popular, buscaban nuevas experiencias y una pedagogía diferente.

En ocasión del primer encuentro Nacional de profesores de asentamientos, en 1987, el movimiento creó un sector específico para promover la lucha por la defensa del derecho a la educación de los Sin Tierra.

En 1988, profesores y padres se organizaron  para dar continuidad  y potenciar, de forma articulada, las discusiones originadas en los procesos de creación de escuelas, dando origen al Sector de Educación del MST.

Luego vendría la otra cuestión sobre la formación y origen de los docentes que debían atender  estas realidades rurales. Para ello, se pensaba en escuelas orgánicas y que los docentes procedan o se formen en sus propios asentamientos.

Lo cual es materia de discusiones y acuerdos permanentes con el gobierno. Según Stubrin, “el problema de la asignación de profesores ha generado, en numerosos  oportunidades, una serie de  movimientos adversos al interior de las escuelas, cuando profesores externos, asignados por el gobierno municipal, pasaban a ejercer sus funciones”. En muchos casos no se identificaban con la causa del movimiento y ello provocaba levantamientos y manifestaciones, por parte de los alumnos y padres.

 El problema de contar con docentes de los campamentos es que, suelen tener titulación deficiente que dificulta el acceso a cargos, y además,  los escasos contratos son por tiempos determinados, condiciones muy precarias.

Más allá de las cifras de escuelas y asentamientos, el movimiento, según detalla la autora del texto, “representan instancias decisivas en la configuración de la experiencia educativa del MST, que evidencian el sentido pedagógico de lo cotidiano. La construcción de la memoria colectiva al compartir un conjunto de vivencias comunes. Este proceso es viabilizado, en gran medida, por medio de la educación”.

En noviembre de 1996, el Consejo Estadual de Río Grande Do Sul hizo pública la aprobación legal de la escuela itinerante, como experiencia piloto en los campamentos del MST, durante dos años.

Denominada “experiencia pedagógica- escuela itinerante, tuvo su base en la Escuela estadual nueva sociedad, del asentamiento Itapuí, en el municipio de Nueva Santa Rita. Esto fue un hito en las conquistas del movimiento, embanderados en esa lucha por los derechos a la educación de niños, jóvenes y adultos.

Finalmente, la autora refiere al rol protagónico que tuvo el movimiento en los las elecciones presidenciales de 2002, sobre todo el vínculo con el PT (Partido de los Trabajadores) que, en ese entonces postulaba a Luís Inacio Lula Da Silva.

Fueron acuerdos y alianzas que abrían perspectivas interesantes, sobre todo en las banderas que el movimiento venía enarbolando, sin embargo,  luego se vieron frustradas, según la autora.

En la actualidad, “el movimiento mantiene una relación de autonomía sustantiva en un posicionamiento crítico y no de una mera oposición sistemática”. Eso en la perspectiva de mantener protestas y movilizaciones como modo de presionar por sus reclamos. Apoyando en algunas y confrontando en otras medidas de gobierno.

En consideraciones finales, Stubrin indica “la oficialización de la práctica educativa se da en un contexto de ilegalidad y conflicto social explícito, apareciendo como vía  de acceso al Estado y, por tanto, como una ampliación del poder de negociación de estos actores”. La escuela sigue siendo el nexo o  espacio de articulación para la discusión de políticas públicas que los incluya.

Por otra parte, la autora alerta en su trabajo “que uno de los desafíos que enfrentan hoy el MST en defensa del derecho a la educación y la escuela pública es avanzar hacia el fortalecimiento y consolidación de sus estrategias de lucha e intervención política, construyendo alianzas y frentes comunes de acción colectiva.

Del mismo modo, la búsqueda de una interlocución estratégica con los ámbitos gubernamentales y una real apropiación de los espacios de participación existentes en la esfera estatal, resultan condiciones esenciales para el fortalecimiento y consolidación de los procesos de participación e incidencia de la sociedad civil en las políticas de educación”.

 

Bibliografía

 

-“Diálogos, encuentros y desencuentros: los movimientos sociales en el MERCOSUR” Elizabeth Jelin. IDES, Instituto de Desarrollo Económico y Social, Nº 10, Buenos Aires, noviembre de 2000.

-Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra del Brasil. Una experiencia alternativa de educación pública. (Brasil 2007). Florencia Stubrin, Serie de ensayos e investigaciones, N° 28, Buenos Aires, 2008.

*Maestrando. Lic.Com.Soc. Sergio Javier Benítez

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